GANADORES IX CONCURSO LITERARIO ALCE STUTTGART_ AULAS SILVIA

           

GANADORES AULAS SILVIA

 

 

La clase de español

Érase una vez un niño y una niña y se iban a clase de español.  La niña se llama Anna y el niño se llama Mario.  Allí aprenden mucho.

Anna Sáenz Kandler A1 Baden-Baden

 

El monstruo

Había una vez una niña que se llamaba Elena.  Sus padres se marcharon y Elena se quedó sola.  De repente algo se movió en el armario.  Era algo azul y tan pequeño como una silla de niños.  Se movía mucho.  Era una cosa peluda.  ¡UN MONSTRUO!  La tierra se abrió y Elena caía y caía.  Cayó en casa de una bruja.  Ella era muy amable.  El monstruo me siguió y ella le dijo “¡ven!”.  Al final la bruja llevó a Elena a casa.

Anna Reeb Comas A2.2 Ettlingen

 

Greg y la sandía

Una vez cuando estaba de vacaciones en Barcelona, me desaparecía siempre la sandía de la nevera.  Compraba sandía, me iba a dormir y al día siguiente ya no estaba.  Estaba furiosa porque me gusta la sandía cuando está ¡frequita!  Por eso compré una cámara y la puse en la cocina junto a la nevera donde estaba la sandía.  Luego me fui a dormir.  Cuando me desperté me fui a ver lo que captó la cámara.  Y… ¡NO ME LO PODíA CREER! Mi perro “Greg” ¡era el ladrón!  Bueno, no le culpo, ¡la sandía está muy buena!

Laura Vargas Aguiló B1.1 Ettlingen

 

No mires por la ventana

Una agradable brisa llegaba desde la bahía atravesando la ventana.  La brisa, cuyo olor me sentaba bien, entró en la tetera hecha de oro.  De la tetera salió un humo color violeta y azul, el cual me dijo:

–          Te daré todo lo que quieras.

Le pregunté:

–          ¿Me puedes hacer la casa de oro?

–          Como he dicho, se te concedió el deseo.

Pero, al mirar por la ventana, todo había desaparecido, incluso la tierra.  De repente me desperté en mi cama.  Por unos segundos me pareció oír una voz debajo de la cama que dijo:

–          Mejor no mires por la ventana.

Francisco Abós Guerrero B2.1 Baden-Baden

 

Los colores del bosque

En una mañana de primavera, mientras me levantaba de la cama y me frotaba los ojos, en lo único en lo que pensaba era si hoy tendría la posibilidad de volver a ver los colores del bosque.  Con solo sentir el calor del sol en mi piel, no me sentiría satisfecha del todo.  Pero teniendo a mi lado a Esperanza, mi querida perra-guía, no puedo desperdiciar mis lágrimas.  Voy tranquilamente al bosque a sentir la humedad de las plantas y escuchar cómo canta el viento.  Aunque no vea los colores, los puedo sentir en mi corazón.

Sofía Torromé Bleve C1.1 Baden-Baden

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